lunes, 17 de mayo de 2010

Las carátulas de mi infancia

Me acabo de enterar de la muerte del músico de heavy metal Ronnie James Dio (cuanto lo siento, por otra parte) y me acaba de venir a la cabeza que un disco suyo, propiedad de mi hermana, era el preferido de mi hermano y también el mío cuando éramos niños por lo misteriosos de su portada. Se trataba de “Sacred heart”:

De igual manera han regresado a mi cabeza las carátulas que, por el contrario, más miedo nos provocaban. La primera, sin duda, era una de Jean Michelle Jarre, la de su famosos disco “Oxygene”. Situándonos en plena Guerra Fría, con la amenaza nuclear siempre planeando sobre nuestras cabezas, no creo que haga falta explicar por qué nos llenábamos de canguelo cada vez que veíamos este dibujo:

Pero sin duda el álbum que más nos ponía los pelos como escarpias, porque en ello contribuían tanto continente como contenido, era “La Guerra de los Mundos”, la adaptaciónn musical de Jeff Wayne de la obra de H.G. Wells, con narración de Richard Burton. Aunque la versión que tenían mis padres era en inglés, y ninguno entendíamos ni torta, la música era tan buena que hacía que te erizaras como un gato. Y para colmo estaban los dibujos. Aún tengo en la retina la imagen de una gaviota devorando el ojo de un cadáver… ¡Urfff!

viernes, 16 de abril de 2010

Los hombres-lobo de Castronegro

Puedo parecer más simple que el mecanismo de un chupete, pero para mí ha habido un antes y un después en lo que a las reuniones multitudinarias de amigos se refiere, y ese punto lo ha marcado el juego “Los hombres-lobo de Castronegro”. El nombre exacto de mi estado es obsesión, y es que gracias a este entretenimiento, mitad rol, mitad juego de cartas, puedo dar rienda suelta a dos de mis aficiones favoritas: la mentira y la manipulación. Eso sí, con un fin lúdico, que con maldad ninguna de las dos me gustan, ¿eh?

Su mecanismo inicial es sencillísimo. Parte con el inconveniente de que, como mínimo, tienen que jugar 8 personas, dato con el que se aclara por qué es ideal para estancias con colegas en casas rurales o macro-botellones en pisos. El narrador, director de todo el juego, reparte una carta a cada uno de los participantes. En principio te pueden tocar dos cosas: o lobo o aldeano, cuya finalidad es siembre acabar con el contrario. Pero dentro del grupo de los pueblerinos los puede haber de otros tipos, aunque los explicaré más adelante.

El narrador comienza la partida y dice algo así como: “La noche llega a la aldea y todo el mundo se va a dormir (todos los participantes cierran los ojos). Pero llegada la medianoche, se acercan los… ¡lobos! (Solo los participantes a los que les ha tocado una carta de lobo abren los ojos). Se ven, se reconocen y deciden quién va a morir esa jornada (los lobos indican, con un tenue gesto de cejas o de mano, quién quieren que muera, para lo que tiene que haber consenso). Los lobos ya se alejan y se hace de día en la aldea… (todos los participantes vuelven a abrir los ojos)”. Una vez acabado este turno, el narrador indicará a todos quien ha sido la víctima, que dejará de jugar en ese instante. Y llegados a este momento, y como suele ocurrir en estos casos, el resto de jugadores tendrán que elegir a quien linchan y matan para vengar la muerte de su compañero. Es entonces cuando empieza lo mejor: un interesante turno de debate para intentar, mediante la retórica y la manipulación, los unos localizar y matar a un lobo, y los otros atraer la atención sobre un inocente e intentar que la masa lo ajusticie en su lugar. Los turnos de día-noche se sucederán hasta que se eliminen todos los cánidos o, por el contrario, solo queden licántropos.

Sin embargo, no todo es tan sencillo como aparenta. Como he dicho unas líneas más arriba, hay algunos tipos especiales de cartas que complican la trama. Uno de los más sencillos es el Vidente, al que, una vez que los lobos han cerrado los ojos, el narrador convoca, y que pregunta a este por la condición de uno de los presentes –si es lobo o si es aldeano–. El narrador le responderá con un gesto para que el resto de participantes no se entere. También está la Bruja, a la que después de invocar al vidente llamará el narrador, y que le indicará quién va a ser la víctima, por si quiere hacer uso de su poción de vida o de muerte… A medida que se avanza en el juego se pueden introducir otros muchos personajes: el cazador, la panadera, el alcalde…, cada uno con sus propias características.

En definitiva, se trata de un juego apasionante, que incluso se puede jugar con la baraja española, aunque me gustan especialmente las oníricas ilustraciones que adornan la versión original, en el que llegas a descubrir que tipo de mecanismos se mueven en las cabezas de los, hasta entonces (ja, ja), tus amigos. Desde luego lo considero muy recomendable… ¡ Y no veo la hora de echar otra macro-partida!

martes, 13 de abril de 2010

El circo de diván de Les 7 Doigts de la Main

NOTA: Si tenéis la intención de ir a disfrutar de este montaje, no veáis el vídeo.



Payasos con narices coloradas, domadores con bigotes enroscados, trapecistas con tutú... Si esta es la idea que aún tienes del circo, tienes que ir urgentemente a ver el espectáculo "Psy", de la prestigiosa compañía canadiense Les 7 Doigts de la Main (Los 7 dedos de la mano). Tuve la gran suerte, porque la verdad es que respondió a un cúmulo de casualidades, de poder asistir hace unos días en el Teatro Circo Price al estreno europeo de este montaje, y la verdad es que me quedé gratamente sorprendida. Hace ya años que presencié también un montaje del Cirque du Soleil, y si bien estos no poseen la espectacularidad y los brillos de sus archiconocidos compatriotas, poseen eso que tantas veces se hecha en falta que es la originalidad unida a la sencillez, algo que los hace aún más sorprendentes. Y es que "Psy" gira en torno a algo en principio tan alejado de las carpas como son los trastornos mentales. Sus jóvenes intérpretes, todo unos "renacentistas de la pista", ya que lo mismo hacen acrobacias, que malabares, o danzas contemporáneas, hilan un montaje que gira en torno a los trastornos obsesivos compulsivos, la paranoia o la agorafobia, y todo ello sin caer en el morbo, sino dotándolo de una belleza plástica impresionante, además de ciertas dosis de humor y romanticismo. Muy recomendable, pero eso sí, poneros las pilas, porque solo estará en Madrid hasta el día 18 de este mes de abril.


viernes, 9 de abril de 2010

El ataque de los ocho bits

Impresionante lo de este vídeo que acabo de ver. Se llama “Pixels”, está hecho por un tal Patrick Jean, y por lo visto está siendo todo un fenómeno en la Red. Y con razón, porque es muy original y está muy bien ejecutado. Pero tranquilos, no os voy a contar de qué va para que os pille por sorpresa. Solo deciros que salen unos marcianitos al estilo de los de Invader, de los que os hablé hace unos días.

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martes, 6 de abril de 2010

Frente a frente: la última esquisitez de Bunbury

Os incluyo hoy el videoclip de una de las canciones que más me han fascinado últimamente. Es de Bunbury, un artista que me parece bastante irregular, como si fuera un "Guti" de los escenarios, porque tan pronto me encandila con temas como "Lady Blue" o "Alicia expulsada del país de las maravillas" como me rechina con su vena mexicana. Eso sí, le pese a quien le pese los Heroes del Silencio siempre irán conmigo. En fin, este es el primer sencillo de su nuevo disco, "Las consecuencias", y es una bonita versión de un tema de Jeanette (que aparece al final del corto), porque si algo tiene de bueno Enrique Ortiz de Landázuri, como pondrá en el buzón de su casa, es que no se le caen los anillos al declarar su admiración por artistas como la ya mencionada o el gran Raphael. Y el vídeo es una joya en sí mismo, está dirigido por Juan Antonio Bayona, responsable de "El orfanato", peli que aún no he tenido oportunidad de ver pero que está de las primeras en mi lista para los sábados por la noche. Sinceramente espero que os guste tanto como a mí.

miércoles, 24 de marzo de 2010

¡¿Qué tenemos otra boda?!


Cada vez que suena el teléfono me echo a temblar. Y es que tengo miedo a que sea un amigo que llama para invitarnos a su boda. Me llamaréis exagerada pero es que, a día de hoy... ¡Estamos invitados a siete! Y solo en 2010... Por supuesto que a todas no vamos a ir, hay dos a las que no vamos a poder asistir. Y es que un año como este desequilibra cualquier economía familiar: a los 300 euros que ya me he gastado en dos vestidos sumarle los zapatos, los complementos, las peluquerías, los viajes y los hoteles -porque algunas son fuera de Madrid- y, por supuesto, los regalos a los novios. La gente me dice que es normal, que tanto mi pariente como yo estamos en edad de merecer y que es ahora cuando se casan las parejas, que es una racha, pero es que ¡llevamos así seis o siete años con una media de tres enlaces por cada 12 meses!, que parecemos Enrique Ponce y Paloma Cuevas, que los pobres también se apuntan a todas. Os juro que a todas a las que he ido lo he hecho de corazón, por amistad y cariño a los contrayentes, me lo he pasado genial en todas, les he deseado todo lo mejor... pero tal avalancha me está convirtiendo en un odioso ser egoísta, e incluso a veces me he planteando casarme -hecho que por ahora no corresponde a mis principios (es verdad que no sé puede decir "de este agua no beberé...")- tan solo para recuperar de alguna manera la inversión depositada en tanto "rito del amor". Sí, ya sé que está muy feo pensar así, pero últimamente no lo puedo remediar, se me va la cabeza y me imagino cuántos viajes habría podido hacer con mi pariente con todo ese dinero y os aseguro que son muuuuuuchos. Mi compañero de trabajo dice que no tendría que ir a ninguna, que él hace eso, pero eso me lo tenía que haber dicho hace una década. Además, insisto, sé que para nuestros amigos y familiares es un día único y yo no puedo dejar de acompañarles en un día así. Ni puedo ni quiero. Aunque no nos engañemos, también los hay, y cada vez más, con menos remordimientos que yo y que han montado un bodorrio única y exclusivamente por el negocio. ¿Créeis que se puede perder dinero en una boda? Yo pienso que no. La que estoy segura de que sí soy yo.

jueves, 11 de marzo de 2010

La Movida Madrileña para bebés


¡Padres del mundo, atended! Spotify, uno de los grandes inventos de la era moderna, me ha sorprendido gratamente con la nueva recopilación bizarra de la discográfica EMI. Se trata de "La Movidita", un álbum en el que puedes encontrar versiones para bebé de temazos como "Cadillac Solitario", "¿Qué hace una chica cómo tú en un sitio como este?" o "Marta tiene un marcapasos". Es decir, suenan estas canciones y otras de la época pero interpretadas por esas campanitas típicas de los sonajeros o los juguetes infantiles... ¡Ver para creer! Me voy a quedar embarazada solo para poder ponérselo a mi nene... Bueno, no exageremos, pero a alguna de mis múltiples amigas "barrigonas" les va a caer seguro como regalo para sus renacuajos. Ya sabía yo que la industria discográfica estaba en crisis, pero, ¿qué va a ser lo próximo? ¿Greatest hits de los noventa para las máquinas tragaperras? ¿Politonos para el despertador? ¿Melodías para la cadena del water? Ay, Dios mío, que ya no saben que inventar...